El Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica determinó, en un reciente estudio, que de 69 comunas analizadas pertenecientes a diferentes regiones del país, Cerro Navia ocupa el cuarto lugar de aquellas con peor calidad de vida. La investigación se basó en una serie de variables, relacionadas con la condición laboral, sociocultural, conectividad y movilidad, salud y medio ambiente y vivienda y entorno. Para quienes recorremos las calles de nuestra comuna, sea cual sea el instrumento, estos resultados no nos sorprenden.
El mismo estudio parte por establecer que la calidad de vida son las condiciones objetivas de ésta que tiene la población y que se genera a partir de las actuaciones y dinámicas de transformación del espacio urbano, inducidas por actores públicos, privados y la sociedad civil. Si bien esta definición es una de tantas, apunta a la relevancia de la planificación y ordenamiento territorial en las condiciones de vida de la población: nuestra ciudad así como nuestra comuna, se han organizado de forma inorgánica, carente de lógica y planeamiento. Esto sin duda expresa junto a otras condicionantes los resultados de este estudio.
Responsabilizar a la actual gestión sería bastante fácil. Si bien no han contribuido de manera radical a un ordenamiento urbano y a una mejora de la calidad de vida de nuestros vecinos, esta responde – a mi juicio – a elementos estructurales, que escapan a las manos de un alcalde. Dentro de ellas está el hacinamiento, las políticas de segregación habitacional que se han desarrollado por años y que apuntan a entregar propiedades de viviendas básicas, sin cuestionarse su relevancia como espacio de articulación y desarrollo social. Lo importante radica, al parecer, en tener “la casa propia” más que la habitabilidad de la misma, sus dimensiones y componentes estructurales. La capacidad de generar redes de apoyo, soporte y vínculo, junto con su conexión a servicios tanto públicos como privados, se excluyó del debate.
Tener calles limpias, más y mejores áreas verdes, protección en salud y educación son temas de gran relevancia. Sin embargo son tan descuidadas.
Mejorar la calidad de vida de los habitantes de todas las comunas del país, pasa por entender primero de forma distinta la planificación del uso de suelo, prevaleciendo los intereses de los más humildes, no de especuladores ni constructoras, donde el desarrollo local no deba zanjarse por reparticiones de cuotas partidarias en los Concejos Regionales, donde la ciudadanía no elige a ninguno de sus representantes (siendo un contrasentido en sí). El verdadero desarrollo local que garantice calidad de vida para todos sus habitantes solo se puede lograr reintegrando el poder a la fuente.
Mauro Tamayo
Concejal CNST

