miércoles, 6 de julio de 2011

¿Desde cuándo somos Cerro Navia?


Lo primero que debemos saber es que no siempre fuimos Cerro Navia: al comienzo estos terrenos eran parte de una sola gran comuna, Barrancas, fundada el 25 de febrero de 1897. Después de muchos años, el territorio se dividió en dos y así nació Pudahuel el 13 de octubre de 1975. Pasaron los años y se modificó nuevamente el plano regulador dando paso a dos comunas nuevas: Lo Prado y Cerro Navia.

Paso a paso, lentamente, fue construyéndose nuestra identidad comunal a través de vivencias personales, lugares comunes, experiencias con vecinos. ¡Cómo no recordar el "trole" que paraba en Neptuno con J.J Pérez! En la calle Cauquenes estaba la familia Inostroza – aún hoy algunos de ellos viven allí – que tenía algunas micros. En el mismo sector existían algunos talleres de vulcanización y mecánica y había otros vecinos que se dedicaban al noble oficio de pintar los recorridos de las micros de la época… También había muchas fábricas por el sector: de clavos, de vidrios, de frazadas, entre otras. Uno de los lugares más pintorescos de nuestra comuna era aquel donde se vendían pollos vivos para ser criados en las casas: era una casona hermosa con grandes jardines donde todos íbamos felices a correr y jugar libremente. Recuerdo la casa de vidrio y la Cantina del Negro Bueno, donde vendían los schop más grandes, los "potrillos" que alcanzaban los 3 o 4 litros.

La vida social se desarrollaba en torno a malones, baile y mucha alegría juvenil – y más de alguno se enamoró en esas andanzas –. Los más adultos acudían a lugares como la Quinta de Recreo del Cerro Navia – que estaba arriba del cerro – o el Club Deportivo Amigos Hinchas del Audax – que aún sigue vigente – que organizaban las famosas fiestas de la primavera en las que todos los vecinos trabajaban por algo en común: los unía el respeto y la buena convivencia. Una de las reinas de estas fiestas fue doña Emelina Novoa, a quien recuerdo con especial cariño.

Probablemente, muchos de nuestros abuelos y padres habrán oído hablar de la Tía Lolo o la Tía Irene, lugares en los que había señoritas que bailaban y ejercían la profesión más antigua del mundo – según me han contado –.

No puedo dejar de mencionar algo que sin duda es un eje central de nuestra historia popular como comuna: si bien algunos de nuestros padres pudieron comprar un sitio en cuotas CORVI, hubo otro porcentaje de vecinos que realizaron una proeza enorme atreviéndose a organizar una de las tomas de terreno más grandes y emblemáticas de nuestro país: la Herminda de la Victoria. A raíz de estas tomas nacieron poblaciones como La Herminda, el Montijo, la Violeta Parra, Sara Gajardo, entre otras. Por esta razón, al hablar de nuestra identidad comunal es necesario rendir un homenaje a quienes lucharon por un derecho tan esencial como es la vivienda. Gracias a la lucha, a las personas, a los lugares comunes, historias y experiencias, nuestra comuna ha logrado adquirir un carácter único y especial: un lugar rebelde y profundamente vivo que crece día a día.

 

MONICA FIGUEROA

CNST


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